Enfermedades olvidadas
Achi Vara Gornés
Bron: Médicos sin fronteras
Cada año mueren millones de personas en el mundo a causa de enfermedades como la malaria, el VIH/sida, la tripanosomiasis africana, también conocida como la enfermedad del sueño; la leishmaniasis visceral, la enfermedad de Chagas. Algunas de ellas, como la tuberculosis, afectan a un tercio de la población mundial. A este tipo de enfermedades se les llaman “enfermedades olvidadas”.
Se llaman así porque las compañías farmacéuticas no invierten dinero en la investigación de este tipo de enfermedades pues saben que afectan sobre todo a población que vive en la pobreza y que para la gente afectada es muy difícil pagar el tratamiento. Por esta razón no les es rentable investigar.
Al contrario de las enfermedades olvidadas, esta la gripe A que desde que comenzó el brote se ha cobrado la vida de 6.071 personas. La cifra es insignificante en comparación con el número de afectados y fallecidos de muchas enfermedades olvidadas e incluso, con el número de fallecidos de la gripe común que cada año mata entre 250.000 y 500.000 personas. ¿Cómo puede ser que los medios de comunicación silencien tanto unas enfermedades y por ejemplo de la gripe A estén continuamente informando y gastando dinero en campañas? En ocasiones las empresas farmacéuticas con ayuda de algunos gobiernos, engañan mediáticamente a la población con el objetivo de enriquecerse invirtiendo en enfermedades más rentables, acaparando los medios y no evitando que esto ocurra estableciendo leyes que lo impidan. El gasto global en investigación de salud desde 1986 se ha incrementado, pasando de 30 billones a 105,9 billones de dólares, hoy en día. Si observamos este incremento, vemos que el 90% de este dinero se gasta en problemas de salud que afectan a menos del 10% de la población mundial. Entre 1975 y 2004, de los 1.556 nuevos fármacos comercializados en el mundo, únicamente 20 (un 1,3%) iban destinados al tratamiento de enfermedades tropicales y la tuberculosis, que representan el 12% del total de carga de enfermedad mundial.
El mercado farmacéutico mundial actualmente está valorado en 518 billones de dólares, un 87% de este dinero procede de Norteamérica, Japón y la Unión Europea.
Esta mala gestión del dinero, invertido en el negocio y no en prioridades sanitarias mundiales, afecta directamentea millones de personas obligadas a vivir su enfermedad sin ninguna esperanza por no poder optar a los medicamentos necesarios que, en muchos casos, si existen, pero no están al alcance de su economía. En la mayoría de los casos no se trata solo de personas sino de poblaciones enteras.
Muchos médicos recetan fármacos menos eficaces sabiendo que para sus pacientes es imposible pagar el que realmente es eficaz contra la patología. Esto pasa por ejemplo, con la leishmaniasis (o kala azar) que mata a unas 60.000 personas al año. “Los tratamientos más utilizados son tóxicos y presentan graves efectos secundarios; los mejores son demasiado caros" explica Médicos Sin Fronteras (MSF) . Se calcula que más de 50 millones de personas viven en riesgo de contraer la enfermedad del sueño. Las personas que acaban muriendo por esta enfermedad al año son 25.000. MSF explica que existe un medicamento eficaz llamado eflornitina, pero la mayoría de los sistemas de salud usan melarsoprol, derivado del arsénico, este medicamento resulta muy doloroso y mata de cada 100 pacientes, entre 5 y 10.
El derecho a producir genéricos
La mayoría de los medicamentos se encarecen debido a las numerosas patentes que tienen sus componentes. Según los Acuerdos de propiedad intelectual comerciales (ADPIC) la patente en un fármaco vence a los 20 años pero muchas farmacéuticas consiguen ampliar el monopolio de la patente alargando el doble de tiempo.Como explica Médicos Sin Fronteras en su documento “Patentes de medicamentos en el punto de mira”, el tema de derechos de propiedad intelectual es aceptable si el elevado coste únicamente causa un pequeño inconveniente. Pero en los casos donde la invención patentada es esencial para evitar la muerte de una persona, el elevado precio es un gran dilema. Es necesario que se tome una decisión a nivel mundial para acordar qué debe ser patentado y qué no.
Algunos países como Sudáfrica y Brasil han liderado un movimiento de denuncia mundial por el alto coste de muchos medicamentos. Estos dos países apoyaron la iniciativa de Cuba en 2001 cuando ésta anunció que empezaría a producir fármacos contra el SIDA sin pagar a las farmacéuticas norteamericanas dueñas de las patentes. El Gobierno de Sudáfrica aprobó una Ley en 1998 para hacer accesibles los medicamentos esenciales a la población y así poder comenzar a producir genéricos. Las farmacéuticas vieron en esta ley una amenaza para sus ingresos y 39 de ellas demandaron al Gobierno de Sudáfrica alegando infringir el Derecho de Patentes. Un año después, Estados Unidos aprobó una ley que prohibía conceder ayudas económicas a los países que fabricaran medicamentos sin esperar a que las patentes caducaran. Esto fue lo que le paso a Sudáfrica y posteriormente a otros países.
Se da el caso en que países en desarrollo aceptan las normas sobre patentes porque con esto ganan un mejor acceso al mercado norteamericano para productos agrícolas, textiles o de otro tipo. El miedo de las multinacionales farmacéuticas no viene únicamente por la fabricación de genéricos en los países en desarrollo, también temen que estos países vendan los genéricos a otros que los necesiten.
Desde que Norte América inició en 2005 el Tratado de Libre Comercio con los países de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, excepto Cuba, llamado Área de Libre Comercio de las Américas o ALCA, las críticas al tratado en el tema de los derechos de propiedad y las patentes se hicieron notorias. Los críticos afirman que si las medidas propuestas por el ALCA se aplicaran, se impediría la investigación científica en Latinoamérica, esto provocaría a su vez una mayor dependencia en el ámbito tecnológico de los países desarrollados.
Los países que por una emergencia sanitaria lo necesiten, deben comenzar a actuar conforme a los acuerdos firmados en Doha, donde quedo claro que el derecho a la salud está por encima del interés comercial. Por desgracia, la situación se puede volver muy difícil para los países que intenten hacer algo al respecto. Pues los que negocian con la salud, harán lo posible por seguir ignorando el genocidio con tal de ver a salvo sus fortunas.
Enviado por Achi Vara Gornés el Jue, 2010-01-14 15:53.
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Me ha gustado mucho
Achi, buen trabajo de documentación que muestra cómo vivimos sumergidos en un engaño encubierto que permite que millones de personas mueran, las grandes empresas se enriquezcan y la conciencia en occidente quede tranquila.
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